Aparezco en un bosque, hay bruma, pero
puedo ver más allá de los 10 metros de distancia, fluye una luz
amarilla, dorada, cálida como la luz del amanecer. Los árboles
poseen troncos gruesos, llenos de moho, cortezas centenarias, hongos
y enredaderas que trepan hasta por las ramas.
Los árboles están medio torcidos.
Aves de colores, rojas, azules, pardas, de ojos negros y curiosos,
cantos dukes y melodiosos, el suelo está lleno de hojas, piedras,
ramas y raíces. Se escucha agua y me guio mediante el sonido,
ligera, suave, como si se tratase de un riachuelo. Llego y
efectivamente se trata de un riachuelo en el que todo parece tener un
tono dorado sobre el verde, puede que de la luz del amanecer.
Veo una compleja forma, una mujer de
cabello lago y lacio a espaldas de mí, arrodillada ante el río, iba
con un vestido blanco y sinceramente, parece una elfa. Se da cuenta
que estoy allí y levanta y voltea para mirarme:
-Bien venida seas a Gasdüll,
Clara-pelo negro, ojos oscuros y grisáceos, piel algo pálida pero
de color arena, sus ojos son dulces, parece como si me conociera de
toda la vida y me observase como aquel que observa a su hermana
pequeña o protegida.
-¿Gasdüll es entonces, el bosque?-le
pregunto, no seria, pero sí demostrando que me gusta su presencia,
su gentileza y veo en ella una buena persona, ¿será un hada o una
elfa? Parece que tiene pecas en el rostro pero apenas se ven.
-Tu reino... Clara. No es un bosque, es
tu mundo, tu oscuridad y tu luz, tu nos creaste.
-¿Mi imaginación?
-Estamos tan vivos como tu en la
Tierra, como en la historia de la niña estrella que se enamoraba de
un hombre, tu eres esa estrella, ya te lo dijimos.
-Entonces...
-Yo era aquella voz que te hablaba y te
cuenta las historias que tu has ido escribiendo, gracias a mí
conociste mucho de lo que conoces ahora.
-Gracias...
-¿Gracias, mi señora?-la mujer, que
llevaba una tinaja, la deja en el suelo, viene a mí con esa sonrisa
y casi parece reírse-jamás...cuantas cosas tienes en la cabeza,
¿Terminaste?
-Ni idea-me reí, ella también pero se
notaba algo tensa al mostrar una leve mueca.
-Creo que tendrías que controlar más
tus sentidos, mi señora.
-Clara.
-Comprenderé que tenga sus gustos...
¿le puedo llamar Runa?
-¿Por qué?
-A su tiempo.
-Lo que quieras... así llamé a mi
primera protagonista.
-Conozco a esa pequeña Runa, es por
ello-empezamos a caminar por el bosque dorado y verde, el sol crecía,
la niebla disipaba, todo parecía brillar por las gotas de humedad
que se formaban con la condesación del aire, se estaba bien...
freco, olía a hierba fresca, Nehjlea me dejó respirar y disfrutar
de aquel lugar, ¿olía a magia?
-Así es.
-¿Me lees la mente?
-Creo... que te diré que algo así,
solo a ti.
-Me va a incomodar...
-No te preocupes, he escuchado cosas
peores.
-Ah … ja, jaj... perdón.
-Primera norma, Clara Runa, no pidas
perdón.
-¿Por qué? ¿Hasta aquí?-me
contempla preocupada, seria, se que tristeza pero no quiero atreverme
a decirlo.
-Porque has aprendido cosas que jamás
debiste aprender, mi pequeña.
-¿Como cantar?-la mujer se rió, agitó
una de las manos con negación de una forma muy elegante y volví a
pensar si era una elfa.
-No, no, querida mía. No eres inferior
a nadie, quedate con eso en claro, eres alguien demasiado especial.
No única pero sí especial... observa éste mundo Clara Runa ¿Qué
ves?-supuse que era una prueba, me esforcé por ver más que árboles,
el viento mecer las hojas, los susurros de los animales del bosque,
los pájaros y sus sombras volar, las hojas caer, escuchar cantos de
pájaros, las ropas danzar levemente con el aire, una figura de
sombras en la jeanía del bosque, un hermoso paisaje y no muy lejos
un pequeño pueblo con casas de roca blanca, en la lejanía, a medida
de que subíamos la pendiente y me ahogaba de la poca costumbree de
moverme, veía montañas en la lejanía, nevadas como el invierno más
duro, una especie de castillo flotante que pensé que he de dibujar
mañana, más pueblos y ciudades, un mundo verde y próspero... ¿Esto
era Gasdüll?
-Veo... Gasdüll, una hermosa tierra.
-Creció de las cenizas de una estrella
que murió ya hace muchos años, antes de que llegáramos todos... tú
tuviste que ver y nos diste energía en la última década.
-Déjame ver más... siento que hay un
lugar que murió en mi imaginación-no le dije que se trataba del
prado de flores, en mi imaginación empezaba a ver a Cialexe en la
lejanía al tomar forma en mi mente ese prado.
-A donde quieres ir... está lejos de
aquí, mi humilde niña.
-¿Cómo puedo ir?Quiero ir, quiero que
esté sano, es...
-Donde creaste la historia del Mago
Negro... Cialexe como Arthyom, lo conozco..., pero no todo en el
norte está-me dijo con esa voz tan dulce ¿no se cansaba de ser tan
amable conmigo?-jamás podré cansarme, mi joven señora... no se
lastime más con esas palabras, amese como nosotros la queremos.
-No creo que sea bueno-cerré los ojos,
me quería ir, no quiero sentirme acobijada ¿Me lo merezco?
-Basta, Clara-dijo con gravedad- jamás
se mereció el Caos, jamás se mereció que fuera malvada contigo,
jamás se ganó aquel trato... no eran amigos, no era amistad, no era
amor... estás por encima de eso, no se pierda señora-al abrir los
ojos estaba en una zona oscuraveía como un eco turbulento el bosque
la a Nehjlean a lo lejos, empezaba a despienarse y con los ojos
rojizos por lágrimas.
Mis recuerdos de cuando era una niña
de siete años regresaron, cuando me estorsionaron por primera vez
ofreciendo mi cuerpo a cambio de una mistad permitiendo que me vieran
desnuda y tirasen comida solo por no estar sola, Dani, odio, mi
madre, asco. De nuevo ese bucle.
¿Quien era? Ésto no es mío, andé y
pensé en la luz, calma, compenetración con el agua y el viento, el
fuego y la tierra. El recuerdo de mi padre donreír tras contar uno
de sus malos chistes pero hacerme gracia por que tengo su mismo humor
me hizo llegar.
-Cómo lo has... ¿Tanto, Clara?-la
mujer me observó, sonreí mientras colocaba un mechón tras la oreja
al despeinarse.
-Tengo cosas mejores en las que
pensar...Hace poco le regalé un libro de Heidi y le encantó, cuando
sonríe es un día más bonito.
Caminamos, el bosque dorado, los
pequeños seres, unas hadas de gris cuerpo y ojos negro con mechones
cónicos en la corona de la cabeza me observaban entre sonrisas, me
adelantaba mucho a la mujer preciosa pero quería correr, quería
sentirme más allí.
-¿Quienes son?
-Tus hadas, agudas de ingenio y
caprichosas como ellas solas pueden ser.
-Gracias-la mujer sonrió y ajamos de
la cima del monte al que subimos por la parte de las sombras.
-¿La gente caza?-dije al fijarme como
una flecha estaba clavada en el tronco de un árbol, parecía de
estar desde hace tiempo, pues su madera había hinchado por las
lluvias y oleaje de primavera.
-Cazamos bestias, nos gusta
cazar...Tengo que avisaros de muchas cosas, antes de que se marche y
deje de escribir.
-¿Cuales?
-Tenga más fe en sí misma, apréciese,
comprenda que no fue tu error... has pagado demasiado por muy poco,
poco a poco lograremos que su objetivo se cumpla, todos ellos y tan
diferentes... pero concentrese también, apenas es capaz de escuchar
todas mis palabras sin dejar de pensar en él con la esperanza de
verle.
-Per... ok, perdón... solo quiero
acariciarle.
-Desea hacerle el amor, todos los
sabemos aquellos que te vemos... pero hay mucho por delante y tocas
demasiados temas a la vez-se acercó levemente, me tocó la mano y su
tacto era cálido, más bien tíbio-tiene que perder miedo, tienes...
muchas cosas. Empezaremos poco a poco. Y cuidado con el hombre,
llevate la amatista.